En resumen: Los implantes mamarios modernos nacieron en 1962 cuando los cirujanos Thomas Cronin y Frank Gerow implantaron el primer dispositivo de silicona. Desde entonces, la tecnología ha pasado por cinco generaciones de evolución, una crisis regulatoria en los años 90 y una reinvención completa con marcas como MOTIVA que han redefinido los estándares de seguridad.
La primera paciente en recibir implantes mamarios de silicona se llamaba Timmie Jean Lindsey. Era 1962, tenía 29 años, y los cirujanos Thomas Cronin y Frank Gerow le colocaron unos implantes experimentales en el Hospital de la Universidad de Baylor, Texas. Lindsey vivió más de 50 años con ellos y los describió siempre como satisfactorios.
Esa cirugía cambió la medicina estética para siempre. Lo que no sabían en ese momento era que apenas comenzaba un camino de décadas de innovación, controversias regulatorias y refinamiento tecnológico que llegaría hasta los implantes que uso hoy en el quirófano.
Los orígenes: intentos previos a la silicona
Antes de 1962 existieron intentos de modificar el tamaño mamario con materiales que hoy resultan increíbles. En el siglo XIX y principios del XX se usaron inyecciones directas de parafina, aceite vegetal e incluso vidrio soplado. Los resultados eran predecibles: infecciones severas, deformaciones permanentes y complicaciones graves.
La parafina fue el material más usado durante décadas, especialmente en Japón y Europa. Sus consecuencias a largo plazo fueron tan graves que terminó prohibida en la mayoría de países. Esta historia es importante porque explica por qué el desarrollo posterior fue tan cauteloso y regulado.
En los años 50, antes de la silicona, algunos cirujanos americanos experimentaron con implantes de esponja de polietilenoy tejido bovino. Ninguno funcionó de manera sostenida. El problema no era solo la biocompatibilidad — era la durabilidad y la forma a largo plazo.
1962: la primera generación de silicona y quien inventó los implantes mamarios
Thomas Cronin era cirujano plástico y Frank Gerow era residente cuando tuvieron la idea mientras sostenían una bolsa de sangre en el Dow Corning Center for Aid to Medical Research. La sensación del gel en la bolsa les recordó al tejido mamario.
La primera generación de implantes (1962-1970) tenía características muy distintas a los actuales:
- Cubierta de silicona gruesa con textura
- Gel de silicona de baja cohesión (más líquido)
- Parche de Dacron en la parte posterior para fijación al músculo
- Forma redonda predecible
El índice de contractura capsular era alto: entre el 30 y 40% de las pacientes desarrollaba una cápsula fibrosa que endurecía el implante. Era el problema principal de esta generación. Aun así, el procedimiento se popularizó rápidamente porque los resultados estéticos superaban cualquier alternativa previa.
Generaciones 2 y 3: mejoras y nuevos problemas (1970-1992)
La segunda generación (1970-1982) intentó resolver la contractura adelgazando la cubierta y haciendo el gel más fluido. Funcionó parcialmente: la contractura bajó, pero surgió un problema nuevo. El gel más líquido podía “trasudarse” o migrar a través de la cubierta intacta, un fenómeno que se llamó gel bleed.
La tercera generación (1982-1992) volvió a modificar la cubierta, esta vez texturizándola para reducir la contractura. Se desarrollaron también los primeros implantes anatómicos (en forma de gota) que intentaban una apariencia más natural.
Este periodo fue de experimentación intensa. Mentor y McGhan (que después se convertiría en Allergan) dominaban el mercado americano. En Colombia, como en toda Latinoamérica, se importaban principalmente estas marcas.
La crisis de los años 90: el retiro de la silicona en EE.UU.
En 1992 ocurrió algo que cambió la industria para siempre. La FDA (Food and Drug Administration de Estados Unidos) suspendió el uso general de implantes de silicona en mujeres americanas, limitándolos solo a reconstrucción post-mastectomía en estudios clínicos controlados.
¿La razón? Una acumulación de demandas judiciales y reportes anecdóticos que asociaban los implantes con enfermedades autoinmunes, artritis reumatoide y lupus. Dow Corning, el mayor fabricante, terminó en bancarrota por los litigios.
Lo que la ciencia determinó después es importante: múltiples estudios independientes, incluyendo uno de la FDA publicado en 1999, concluyeron que no existía evidencia científica sólida de que los implantes de silicona causaran enfermedades sistémicas. La FDA los reaprobó para uso general en 2006.
Sin embargo, esa crisis de 14 años dejó dos consecuencias permanentes:
- Regulación mucho más estricta para aprobar nuevos dispositivos
- Cultura de investigación y transparencia que elevó los estándares de toda la industria
En Colombia y el resto de América Latina, los implantes de silicona nunca se retiraron. Pero el debate global influyó en cómo los cirujanos comunicábamos los riesgos a nuestras pacientes.
Cuarta y quinta generación: el gel cohesivo cambia todo
La cuarta generación llegó en la segunda mitad de los 90 con una innovación crucial: el gel cohesivo de alta densidad. A diferencia del gel líquido anterior, este gel mantiene su forma incluso cuando se corta el implante — de ahí el nombre coloquial de “implante gummy bear” (gomita de osito).
El gel cohesivo eliminó el gel bleed y mejoró sustancialmente la estabilidad a largo plazo. Los implantes anatómicos de cuarta generación podían mantener su forma de lágrima sin deformarse.
La quinta generación (2000-presente) refinó aún más la cohesividad, desarrolló nuevas texturas superficiales y comenzó a explorar tecnologías adicionales. Es en esta generación donde empezó a diferenciarse la tecnología MOTIVA del resto del mercado.

La era moderna: cómo llegamos a MOTIVA
Establishment Labs fundó MOTIVA con una premisa diferente a las marcas establecidas: en lugar de iterar sobre tecnología existente, diseñar desde cero con tres objetivos simultáneos: máxima naturalidad, máxima seguridad y máxima durabilidad.
El resultado fueron tecnologías que no existían en ninguna otra marca:
Ergonomix® resolvió el problema que ninguna generación anterior había podido resolver completamente: el comportamiento dinámico. Un implante tradicional, redondo o anatómico, tiene una forma fija. Ergonomix® usa un gel adaptativo que se comporta como tejido real — redondo de pie, aplanado al acostarse, fluido en movimiento.
BluSeal® añadió una barrera protectora visible antibacteriana que actúa durante la cirugía misma, reduciendo el riesgo de contaminación bacteriana que es la causa principal de contractura capsular.
TrueMonobloc® eliminó las uniones internas que eran el punto débil estructural de implantes anteriores.
Q Inside® introdujo el primer microchip integrado en un implante mamario, permitiendo identificación y seguimiento sin intervención quirúrgica.
El resultado es un índice de contractura capsular de 0.9% frente al 15-20% de marcas de generaciones anteriores. Esa diferencia no es marginal — es la razón por la que llevo más de 15 años trabajando exclusivamente con MOTIVA.

Lo que la historia nos enseña sobre elegir implantes
Después de 60 años de evolución, la industria aprendió tres lecciones permanentes:
La primera: el material importa menos que la ingeniería. Los primeros implantes también usaban silicona. Lo que cambió fue la cohesión del gel, la arquitectura de la cubierta y la tecnología de fabricación.
La segunda: la regulación salva vidas. La crisis de los 90 fue traumática para la industria, pero la regulación resultante produjo implantes significativamente más seguros. Hoy, un implante MOTIVA tiene estudios clínicos de 10 años que ningún implante de primera generación habría podido presentar.
La tercera: la innovación continua es necesaria. Las marcas que dejaron de investigar quedaron atrás. Las que invirtieron en ciencia —como Establishment Labs con MOTIVA— redefinieron lo que es posible.
Cuando una paciente me pregunta por qué uso MOTIVA y no las marcas que llevan 40 años en el mercado, la respuesta está en esta historia: la tecnología que existía hace 40 años no es la misma que necesitas hoy.
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Última actualización: Marzo 2026
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